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Hace 6 años, un joven organizaba junto a sus compañeros de secundaria una recolección de juguetes para los bebés del Hospital de Niños. La actividad nació de aquellos jóvenes que querían hacer algo diferente como grupo y regalar una sonrisa a los niños que tanto lo necesitaban en navidad. La recolección fue todo un éxito. Todos sus compañeros, profesores y personal administrativo llevaron regalos para donar, y cada día la bolsa de Santa fue más grande. Finalmente llegó el día y el grupo estaba emocionado, había muchos regalos distribuidos en distintas bolsas -divididas por edad para poder hacer la entrega lo más organizada posible-. Cuando todos estaban listos, salieron camino al Hospital donde el personal los esperaba. Para este joven de 15 años iba a ser la primera vez que organizara y participara de una actividad voluntaria. Era emocionante y quería que todo fuera especial, pero nunca pudo imaginar que la primera vez que entregara un regalo a un niño le dejaría una sensación tan increíble. En ese momento descubrí que ser voluntario era algo que quería seguir haciendo por el resto de mi vida.

Actualmente tengo 21 años de edad. Mi nombre es Francisco Marval, soy Economista de la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, Venezuela y trabajo como Coordinador de Proyecto de una ONG increíble que se llama Dividendo Voluntario para la Comunidad. Esta organización trabaja integrando los esfuerzos del sector empresarial a los proyectos de desarrollo social en las distintas comunidades de Venezuela, agregándoles valor. Hace poco escribí un artículo para este blog sobre el Encuentro de Voluntariado MultiEmpresarial que organizamos en el Dividendo Voluntario para la Comunidad.

Durante muchos años he participado en voluntariados: los de la Universidad dando clases a los niños de básicas en las comunidades, las distintas actividades sociales de los Clubes de Leones, el voluntariado de TECHO, etc. Y es que cuando me dicen para participar u organizar alguna actividad con un toque social, simplemente no me puedo negar.

El voluntariado ha sido para mí una escuela, es un proceso donde se te enseña a ser mejor persona, a tener una mayor empatía con tu entorno y poder entender cuáles son los verdaderos problemas de las personas. Me enseñó a saber escuchar cuando hace falta, saber sonreír o llorar si la situación lo amerita, y a entender que tú no puedes cambiar al mundo, pero puedes intentar cambiar tu mundo y regalar un poquito de alegría a los demás.

Siempre he leído sobre los beneficios de hacer voluntariado. Actualmente trabajo con una ONG que maneja el voluntariado corporativo y he visto que cuando las personas dedican tiempo a otros que lo necesitan, mejoran sus niveles de productividad. Se sienten parte de algo mucho más grande, se vuelven agentes de cambio. El voluntariado educa a mejores ciudadanos y a su vez construye mejores sociedades; como dice el economista Olivier Adam, Coordinador Ejecutivo de Voluntarios de las Naciones Unidas, “Al ser voluntario, uno aprende sobre sí mismo”

Actualmente trabajar en Venezuela se ha vuelto muy caótico, pero cuando más complicado es el entorno, más personas se involucran en colocar su granito de arena para sacar al país en adelante. Ser voluntario se ha vuelto algo esencial para las generaciones como la mía, no miramos al mundo como algo completamente material, sino como un organismo vivo que debemos entregarle todo lo que nos ha dado, agradecer y seguir un camino del bien.

A mi corta edad he visto a muchos voluntarios dentro de mi país, pero gracias a la oportunidad de participar de la 3era Conferencia Regional del Día de Buenas Acciones para América Latina, que se llevó a cabo en Perú este año, pude evidenciar la calidad de personas que hay en los demás países. Pude escuchar experiencias en distintos contextos, de distintas edades y profesiones y ratificar que el voluntariado es muy importante en la actualidad. El voluntariado es una fuerza que está preparada para impulsar un país, y en los tiempos de crisis es donde más se necesita. La clave es ver el voluntariado como un proceso de enseñanza interna, que nos hará ver nuevas facetas de nuestro ser, nos hará mejorar nuestras habilidades y prepararnos para enfrentar los obstáculos de la vida.

No a todas las personas les apasiona el voluntariado como a mí, pero algo que les recomiendo es hacerlo por lo menos una primera vez para probar… a lo mejor les ocurre lo mismo que a aquel muchacho de 15 años entregando regalos de navidad en un hospital y descubren que es algo que vale la pena hacer constantemente.

Como dice el lema del Dividendo Voluntario para la Comunidad/United Way, “Juntos podemos hacer más”, y no perdamos esa oportunidad.

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