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(Cortesía Fundación Vive Mejor A.C.)

Las buenas acciones tienen el poder de unir voluntades, llegar a comunidades donde existen grandes talentos y generar cambios que permanecen en el tiempo. Cuando una iniciativa se acompaña de capacitación, organización y compromiso comunitario, puede convertirse en una oportunidad real para fortalecer la autonomía de las personas y mejorar sus condiciones de vida.

Como parte del movimiento global del Día de las Buenas Acciones, la Fundación Vive Mejor, A.C. impulsa proyectos que acercan oportunidades a comunidades rurales e indígenas, reconociendo sus conocimientos, capacidades y riqueza cultural.

En San Ildefonso Tultepec, comunidad otomí ubicada en Amealco de Bonfil, Querétaro, este compromiso tomó forma a través de BordArte Otomí, un proyecto que benefició directamente a 20 mujeres. Las participantes hicieron suya esta iniciativa y la transformaron en una oportunidad para fortalecer sus habilidades, organizarse, generar ingresos y preservar su identidad cultural.

Las mujeres ya contaban con conocimientos de bordado tradicional otomí, una expresión artesanal en la que representan flores, animales, símbolos y elementos de su entorno. Estos saberes han sido transmitidos de generación en generación y forman parte importante de la identidad de su comunidad.

(Cortesía Fundación Vive Mejor A.C.)

Sin embargo, una de las principales necesidades identificadas era complementar el bordado con conocimientos técnicos de costura y confección. De esta manera, las participantes podrían elaborar prendas y artículos completos, mejorar sus acabados y otorgar un mayor valor agregado a sus productos.

Gracias a la alianza entre la Fundación Causa Querétaro y la empresa C&A, las participantes recibieron telas, hilos, herramientas y máquinas de coser especializadas. Estos recursos representaron un importante punto de partida, pero el verdadero valor del proyecto surgió de los conocimientos adquiridos y de la forma en que las mujeres aprovecharon cada herramienta.

Como parte del proyecto, se impartió un curso de costura con una duración de 48 horas. Durante esta capacitación, las mujeres aprendieron diferentes procesos necesarios para la elaboración de prendas y artículos textiles, desde la toma correcta de medidas hasta el manejo de las máquinas de coser.

También fortalecieron sus conocimientos en patronaje, elaboración y adaptación de moldes, corte de telas, ensamblaje de piezas, confección, acabados y aprovechamiento de materiales. Estas habilidades les permitieron mejorar la calidad y presentación de cada producto.

Uno de los aprendizajes más importantes fue la confección de la vestimenta tradicional otomí, compuesta por falda, blusa y mandil. Las participantes aprendieron a desarrollar cada prenda desde la toma de medidas y la elaboración del patrón hasta el corte, la costura y la integración de los bordados tradicionales.

(Cortesía Fundación Vive Mejor A.C.)

Anteriormente, algunas mujeres elaboraban únicamente los bordados y requerían el apoyo de otras personas para confeccionar las prendas. Después del curso, adquirieron herramientas para participar en todo el proceso productivo, lo que les permite tener un mayor control sobre la calidad, los tiempos de elaboración y el valor final de sus productos.

Además de la vestimenta tradicional, aprendieron a elaborar morrales, monederos, servilletas, bolsas y otros artículos textiles. Esta diversificación amplió sus posibilidades de comercialización, ya que ahora pueden ofrecer productos de distintos tamaños, usos y precios.

Los morrales y monederos, por ejemplo, permiten integrar el bordado tradicional en artículos prácticos y de uso cotidiano. Cada pieza combina la identidad cultural otomí con nuevas técnicas de costura, logrando productos artesanales con mejores acabados y mayores posibilidades de venta.

El proyecto también reconoció que aprender a producir no era suficiente. Para consolidar una actividad económica sostenible, era necesario que las participantes comprendieran cómo administrar sus recursos, definir precios, organizar sus ventas y tomar decisiones relacionadas con su negocio.

Por esta razón, se impartió un curso de administración de recursos y comercialización con una duración total de 20 horas. Este proceso formativo fortaleció las capacidades de las mujeres para organizar su actividad productiva y avanzar hacia una mayor autonomía económica.

Durante el curso, aprendieron a calcular el costo real de cada producto, considerando telas, hilos, materiales de bordado, cierres, botones, transporte, energía eléctrica y otros insumos. También reflexionaron sobre la importancia de valorar el tiempo y el trabajo artesanal que requiere cada pieza.

(Cortesía Fundación Vive Mejor A.C.)

A partir de estos conocimientos, comenzaron a elaborar presupuestos, establecer precios de venta adecuados y calcular el margen de ganancia. Comprendieron que un precio justo debe permitirles recuperar la inversión, reconocer el valor de su trabajo y obtener recursos para continuar produciendo.

Uno de los principales resultados de esta capacitación fue el diseño de un plan de negocios colectivo. Este plan integra los elementos necesarios para organizar la producción, la administración y la comercialización de BordArte Otomí.

Dentro del plan se establecieron acuerdos para distribuir responsabilidades, organizar los pedidos, planear la producción, identificar posibles clientes y buscar nuevos espacios de venta. También se incluyeron estrategias para llevar un mejor control de los materiales, registrar los ingresos y egresos y fortalecer la comunicación entre las integrantes.

Un aspecto central fue que las mujeres aprendieran a administrar sus propios recursos. Las participantes analizaron la importancia de separar el dinero del negocio de los gastos familiares, registrar cuánto invierten en materiales y conocer con claridad cuánto ganan por cada producto.

Asimismo, comprendieron el valor del ahorro como una herramienta para enfrentar imprevistos, adquirir nuevos insumos, dar mantenimiento a las máquinas de coser o atender pedidos de mayor tamaño.

(Cortesía Fundación Vive Mejor A.C.)

El plan de negocios también integra la reinversión como parte fundamental del crecimiento. Las mujeres aprendieron que una parte de sus ganancias puede destinarse a la compra de telas, hilos, herramientas, empaques o materiales que les permitan mejorar la presentación y calidad de sus productos.

De esta manera, las participantes cuentan actualmente con mayores conocimientos para administrarse, ahorrar, invertir y reinvertir en su actividad productiva. Estas herramientas les permiten tomar decisiones más informadas y construir una iniciativa con mejores posibilidades de permanecer en el tiempo.

La comercialización fue otro de los temas principales. Las mujeres aprendieron a identificar a sus posibles clientes, presentar sus productos y explicar el valor cultural de cada pieza. También trabajaron en estrategias para dar seguimiento a los pedidos, cumplir con los tiempos de entrega y ofrecer una mejor atención.

Actualmente, BordArte Otomí cuenta con una página de Facebook mediante la cual las participantes promocionan sus productos, publican fotografías, reciben pedidos y mantienen comunicación con las personas interesadas en adquirir sus creaciones. Esta página se ha convertido en un importante canal de venta y difusión. A través de cada publicación, las mujeres pueden mostrar sus vestimentas tradicionales, morrales, monederos, servilletas, aretes y otros productos elaborados artesanalmente.

Además de facilitar la comercialización, la página permite compartir la historia del grupo, dar a conocer el proceso de elaboración y reconocer el trabajo que existe detrás de cada pieza. De esta manera, las personas compradoras comprenden que su adquisición contribuye a fortalecer la economía de mujeres otomíes y a preservar una tradición cultural.

(Cortesía Fundación Vive Mejor A.C.)

Los resultados que hoy se observan son producto de la capacitación, pero principalmente del compromiso y la constancia de las participantes. Actualmente continúan activas, se reúnen con frecuencia, comparten conocimientos, elaboran nuevos productos y se apoyan para atender pedidos.

Cada mujer aporta habilidades diferentes. Algunas tienen mayor experiencia en bordado, mientras que otras han fortalecido sus capacidades en patronaje, confección, administración o promoción. Esta diversidad ha permitido que el grupo aprenda de manera colectiva y complemente sus conocimientos.

Actualmente, el 85% de las participantes comercializa de manera constante vestimentas tradicionales, morrales, servilletas, monederos, aretes y otros artículos. Las demás continúan trabajando para mejorar su producción, fortalecer sus acabados y alcanzar sus metas de venta.

Cada producto vendido representa un ingreso para las mujeres y sus familias, pero también fortalece su confianza y el reconocimiento del valor de su trabajo. Las participantes han desarrollado mayores capacidades para atender clientes, negociar precios, administrar pedidos y tomar decisiones sobre su actividad productiva.

(Cortesía Fundación Vive Mejor A.C.)

El impacto de BordArte Otomí va más allá de los productos elaborados o de las ventas alcanzadas. El proyecto ha fortalecido la confianza, el liderazgo y la capacidad de organización de las participantes.

El grupo permanece unido y continúa construyendo oportunidades desde sus propios conocimientos, su cultura y su identidad. Trabajar de manera colectiva les ha permitido acompañarse, intercambiar experiencias y enfrentar juntas los retos de producción y comercialización.

En cada falda, blusa, mandil, morral o monedero se reflejan historias y saberes transmitidos de generación en generación. Las participantes no solamente elaboran artículos textiles: preservan las tradiciones del pueblo otomí y las comparten con otras personas.

El proyecto también contribuye a que las nuevas generaciones reconozcan el valor de estos conocimientos. Al observar que el bordado tradicional puede integrarse en productos de calidad y convertirse en una fuente de ingresos, las niñas y jóvenes de la comunidad pueden encontrar nuevas razones para aprenderlo y conservarlo.

BordArte Otomí demuestra que una buena acción no termina con la entrega de materiales o máquinas de coser. Una buena acción continúa cuando las personas adquieren conocimientos, se organizan y transforman los recursos recibidos en oportunidades sostenibles.

(Cortesía Fundación Vive Mejor A.C.)

Desde el movimiento Día de las Buenas Acciones, la Fundación Vive Mejor, A.C. reafirma que las buenas acciones pueden generar resultados duraderos cuando encuentran compromiso, talento y organización en las comunidades.

BordArte Otomí es una buena acción que llegó a las manos de 20 mujeres de San Ildefonso Tultepec. Ellas la hicieron suya y la transformaron en aprendizaje, arte, identidad, autonomía económica y futuro.

El Día de las Buenas Acciones es un día global de Hacer el Bien y es el pináculo de esta iniciativa anual de buenas acciones. Creado por la empresaria y filántropa Shari Arison en el año 2007, el Día de las Buenas Acciones ha ido creciendo y actualmente se encuentra presente en 115 países y cuenta con millones de participantes.

El próximo domingo 11 de abril de 2027 es el Día de las Buenas Acciones.

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