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Mi nombre es Liccet Suarez, estudie Turismo y Hotelería en la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle. He realizado una Maestría en Marketing Turístico y Hotelero y también hice estudios de Doctorado en Turismo, y de Doctorado en Administración de Empresas. Mi pasión por los viajes, por convivir con la naturaleza, las comunidades y la aventura comenzó desde muy joven.

Hace 17 años soy voluntaria y disfruto llegar a cada comunidad y brindar mis abrazos de corazón a corazón, conocer historias, conocer esfuerzos y desafíos. Suspiro en el trayecto, camino hacia la comunidad y al retorno, si estoy en un bote, cierro mis ojos y agradezco por la oportunidad de un nuevo día de aprendizaje y de recibir muchos abrazos.

Escribo este capítulo de mi vida después de un largo trayecto que, con la muerte de mi padre hace 9 años y la muerte de mi hermano John hace un año, entendí que cada persona tiene un tiempo y propósito de vida. Entendí que cuando se camina con amor, en cada paso que uno da puede encontrar la felicidad en una sonrisa, en una lágrima, en un abrazo, o hasta en un ladrido de una mascota, pero para ello es necesario escuchar a tu corazón y agradecer cada día por un nuevo día de vida, por continuar respirando lo que la madre naturaleza nos ha brindado.

Cuando tenía 5 años nos mudamos con mis padres y mi hermano John a vivir a un asentamiento humano porque ya no teníamos para pagar un alquiler. Desde muy pequeña aprendí a disfrutar mi día a día en una casa de madera, haciendo colas largas para obtener agua de unos caños comunes para toda la comunidad. Aprendí a disfrutar el tener la luz natural del sol y en la noche tener la luz de la luna y cuando era necesario prender una vela -era como tener tu cumpleaños todos los días-, porque un niño no decide dónde nacer y dónde vivir. Como dice Susana Barnetche, no todos los niños tienen oportunidades oportunas. La niñez es disfrutar cada día con nuevas aventuras, nueva exploración; yo disfruté mi niñez con cada detalle que rodeaba mi entorno, como jugar con piedras y tierra de nuestra madre naturaleza.

Siempre me gustó compartir mis conocimientos y contar historias desde muy pequeña, y así comencé a hacer voluntariado de manera incógnita sin que nadie de mi familia o mi entorno se entere. Movilizarme de un lugar a otro me implicaba tener ingresos, por lo que a los 14 años decidí emprender y tener mi propio negocio. Luego tuve muchos negocios curiosos y trabajos de corto tiempo, lo que me permitió valorar más mi vida y el esfuerzo que hacían mis padres. A los 16 años entendí que estudiando podía lograr tener mayores oportunidades de salir del barrio y continuar haciendo mi voluntariado incognito, por lo que me dediqué mucho a estudiar e investigar… y a dormir entre 5 a 6 horas porque tenía que cumplir con mis labores universitarios y con mi jornada laboral.

Crecí amando la selva peruana porque mi padre Risto Suarez y mi abuela Lucynda Gonzales eran oriundos de estos lares; ellos me enseñaron los verdaderos secretos de la Amazonía, y, sobre todo, el amor y el respeto por su gente y su naturaleza. Es por ello que, en mi primer viaje a la selva en el año 2000, identifiqué a la comunidad Shipibo – Conibo de San Francisco en Pucallpa, y en 2003 retorné a internarme en ella y realizar mi primera investigación científica en Turismo a favor de la comunidad.

Seguidamente, continúe estudiando una maestría donde realicé una segunda investigación científica sobre la protección del Mono Choro de cola amarilla, una especie en vía de extinción que marcó mi corazón ya que tuve la oportunidad de tener de cerca a Melina, una mona que me enseñó el valor y respeto hacia esta especie. El recuerdo y la memoria de Melina me impulsó a buscar algún área natural protegida que alberge esta especie para protegerla y cuidarla, y así encontré a la Reserva Nacional de Matsés en Loreto y decidí internarme en la comunidad para conocer de cerca su cultura, sus vivencias, y el respeto por lo que la madre naturaleza les brinda.

Allí redacté una investigación basada en oportunidades de ingreso económico para mis nuevos amigos, a través de una Propuesta de Turismo Científico Sostenible en la Reserva Nacional de Matsés. Sin embargo, el impulso de mi propósito de vida no era solo continuar investigando y archivar, tenía que compartir estos conocimientos. Así fue como decidí seguir un doctorado para finalmente hacer una tercera investigación basada en las realidades de las empresas del rubro de turismo y la forma en cómo vienen desempeñándose.

Mis diferentes viajes, y conocer cada vez más de cerca el Perú profundo, fueron buenas razones para seguir trabajando en conjunto a favor de las comunidades, valorando, respetando y admirando el esfuerzo que realizan para mejorar su calidad de vida día tras día. Es por ello que decidí crear una consultoría en turismo sostenible: Nassf Travel. Así nació esta empresa social de viajes, de turismo responsable con el compromiso de trabajar en conjunto con las comunidades indígenas y vulnerables para que mejoren su calidad de vida, sin dejar de salvaguardar el medio ambiente. En algún sentido, siempre tuve el acercamiento y familiarización con las comunidades vulnerables. En cada comunidad que llego, veo reflejada mi niñez. Ver niños que disfrutan sus momentos y su día a día renueva mi compromiso en compartir mis conocimientos y generar oportunidades a estas comunidades; es el propósito de vida que decidí seguir.

No obstante, debido al cambio climático se generaron muchos desastres en Perú y varias comunidades se vieron afectadas, por lo que decidí fundar un programa de voluntariado para ayudar a las comunidades a la resiliencia y, sobre todo, a la gestión de residuos sólidos y la forma en cómo pueden aprovecharse de ello para generar su propio negocio. Es así como nació la Red de Ecovoluntariado, que ahora ya no sólo integran estudiantes universitarios, sino que es una red de profesionales, emprendedores y empresarios que se identifican con la filosofía de amor a la naturaleza y a las comunidades de Perú y Ecuador.

A la fecha contamos con 9 comunidades en Perú y 2 comunidades en Ecuador, con quienes venimos trabajando el Proyecto Buenas Prácticas Ecoamigables y el emprendimiento social, contribuyendo a los objetivos de desarrollo sostenible (ODS). En cada comunidad que llego hay una necesidad y realidades diferentes, pero como voluntarios de corazón y agentes de cambio enseñamos a la comunidad a asumir el liderazgo que, juntos y organizados, pueden lograr grandes cambios para el bienestar de sus familias. Cada comunidad ha entendido que es necesario que se capaciten, que continúen estudiando, y que, sobre todo, se identifiquen con el amor y el respeto a la naturaleza. Los niños y jóvenes ya respiran todo lo que se vienen contaminando y las comunidades son quienes deben asumir el liderazgo y el compromiso para salvaguardar el medio ambiente, apoyados por las entidades públicas y privadas.

Ser voluntaria desde mi juventud me cambió la vida, me enseñó a dar sin recibir nada a cambio, me enseñó a desprenderme de mis propias necesidades, me enseñó que una sonrisa y un abrazo del prójimo es una oportunidad de vida. Asimismo, compartir mis conocimientos de manera práctica y sencilla es lo que me apasiona. Continuaremos existiendo en Latinoamérica mientras continúe la pobreza y se siga contaminando a nuestra madre naturaleza. Somos una gran familia donde cada comunidad es parte; nuestro propósito es lograr que mejoren el bienestar y calidad de vida para sus generaciones, valorando sus habilidades y talentos, desarrollando proyectos autosostenibles en favor de ellos mismos y el medio ambiente. Sabemos que el viaje es largo, pero tenemos un propósito claro y definido. En ese sentido, estoy convencida de que cuando se generan oportunidades a través de la educación, se puede cambiar la historia.

Les invito a conocer más de nosotros en https://nassftravel.com/ecovoluntariado/, a sumarse a ser parte de esta familia y la Red de Ecovoluntariado, y a que se unan a las acciones por Día de las Buenas Acciones para que juntos logremos cambiar muchas historias de vida.

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