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Mariangelys Gonzales, de 8 meses, recibe una sabana termica por parte de funcionarios de UNICEF, para soportar el frio que puede llegar hasta 3 grados durante la noche en Rumichaca, donde su madre, Angelys Cadenas, espera a que sus familiares sellen sus pasaportes para continuar con su viaje hasta Peru. ©UNICEF/ECU/2018/Arcos

Mi nombre es Letizia y actualmente cubro la posición de Oficial de Emergencia en UNICEF Ecuador. He estado vinculada a proyectos de voluntariado desde que tengo memoria, desde lo más pequeño, ayudando en la iglesia y la comunidad de mi pueblo natal en Italia, hasta proyectos más grandes en la universidad.

Sin embargo, el momento exacto donde recibí el llamado del “voluntariado” para convertirlo en mi profesión fue cuando experimenté el terremoto en Japón del 2011. En ese momento, yo estaba en intercambio universitario en Tokio y vi como toda la universidad se activó para responder a la emergencia. Por un lado, sentí el cariño, pasión y solidaridad de las personas, pero al mismo tiempo me di cuenta de cómo, a pesar de la voluntad de ayudar, la respuesta resultaba ser caótica y desorganizada. Varios clubes estudiantiles se activaron para recibir donaciones e insumos, pero no estaban coordinados entre ellos, y a veces se duplicaban los esfuerzos para lograr el mismo objetivo.

Es ahí cuando decidí que ese sería mi objetivo, y que mi labor profesional se enfocaría en optimizar recursos para atender las personas que requerían asistencia humanitaria. De igual manera, también quería apoyar a aquellos que deseaban colaborar con su tiempo y donaciones, para que su ayuda fuera usada de la manera más efectiva.

En Japón empezó mi experiencia internacional en el voluntariado, que me ha llevado a trabajar como voluntaria en la India, y luego como profesional en Nueva York, México y Ecuador. En UNICEF he encontrado mi misión, combinando mis capacidades de organización y coordinación con mi pasión para cambiar la vida de los demás, especialmente de niños, niñas y adolescentes.

Desde el 2018, estoy apoyando mi oficina (UNICEF Ecuador) para coordinar la respuesta a la crisis de personas venezolanas en contexto de movilidad humana, trasladándome de una frontera a la otra para atender las necesidades urgentes de familias con niños, en particular de aquellas que llegan en situación de extrema vulnerabilidad.

En Panamá, en ocasión de la 3ra Conferencia Regional del Día de las Buenas Acciones, tuve la oportunidad de dar a conocer a más personas mi labor, la realidad de los niños y niñas en movilidad humana, y lo que hace UNICEF para garantizarles sus derechos, sin importar de dónde vienen o en qué situación estén.

Creo que el DBA es una oportunidad increíble para compartir experiencias y lecciones aprendidas en el voluntariado y trabajo humanitario. Hay una necesidad importante de coordinar acciones entres diferentes organismos como ONGs nacionales e internacionales, sociedad civil, gobiernos y sector privado. En el DBA he encontrado una comunidad activa, formada de jóvenes con ganas de implementar proyectos sociales y cambiar la vida de las personas a través de ideas innovadoras.

El 2020 será un año rico de eventos y trabajo, siendo Ecuador la sede de la 4ta Conferencia Regional, a la cual espero poder contribuir con mi experiencia, visión y propuestas.

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